Objetivos
I. Explorar la riqueza de comunicación que puede hallarse en un cuerpo humano silencioso.
Duración
Duración: 30 Minutos
Material
Fácil Adquisición
Hoja de papel en blanco.
Lápiz o bolígrafo.
Pizarrón o rotafolio.
Tamaño del grupo
30 Participantes
Lugar
Amplio Espacio
Una sala suficientemente amplia con sillas, para acomodar a todos los miembros participantes.
Desarrollo
I. Los participantes se sientan en círculo y el instructor explica que somos fácilmente llevados a formarnos una imagen muchas veces equivocada de una persona, principalmente cuando la vemos por primera vez. Mientras está hablando, entra una persona desconocida en la sala. La persona abre la puerta, entra deprisa, mira y sale. (Conviene observar que el animador conoce a la persona y arregló con ella cómo debía proceder.)
II. Apenas la persona se retira, el instructor pide al grupo que responda, por escrito, las siguiente preguntas: ¿Cuál es el mensaje que esa persona les dejó? Y también: ¿Cuáles son las impresiones que esta persona desconocida del dejo?
III. Luego de uno tres o cuatro minutos, se procede con la lectura de las respuestas.
IV. Aproximadamente media hora después, entra otra persona desconocida en la sala, juntándose al grupo. Se quedará por espacio de unos treinta minutos, como si estuviera interesado en aprender, como las otras personas del grupo. Todos podrán observarla consciente o inconscientemente. El instructor no hará ninguna referencia acerca de la presencia de esta persona.
V. Agotados los treinta minutos, la persona se retira y el animador pide al grupo que responda por escrito las siguientes preguntas: A partir del momento en que vi a esa persona, ¿qué me pregunté a mí mismo respecto de ella, por el simple hecho de su presencia física? ¿Qué observé de esa persona?
VI. Después de seis u ocho minutos, se continúa con la lectura de las respuesta, observándose cómo la simple presencia física de una persona provoca tantos sentimientos y juicios en las otras personas. Por la simple presencia física, el cuerpo de la persona nos hable y nos hace hablar.
VII. Al fin, se busca verbalizar la riqueza de comunicaciones que un cuerpo humano, aun en silencio, nos ofrece.
VIII. El instructor guía un proceso para que el grupo analice, como se puede aplicar lo aprendido en su vida.