Objetivos
I. Permitir observar el grado de confianza que los grupos pueden llegar a propiciar entre sus miembros.
II. Explorar las defensas individuales, su naturaleza y calidad en el involucramiento de la persona ante un grupo.
III. Analizar la reacción grupal ante el manejo de la retroalimentación a sus miembros.
Duración
Duración: 60 Minutos
Material
Sencillo
Una mesa sólida al centro del salón.
Tamaño del grupo
20 Participantes
Lugar
Aula Normal
Un salón suficientemente amplio e iluminado que permita a los participantes conversar.
Desarrollo
I. Se le pide al grupo que haga remembranza, a título personal, de los juegos infantiles en que participó y que implicarán cierto matiz de pacto o "acuerdo de sangre" en el que uno se veía comprometido con los otros de manera casi indisoluble.
II. Puede darse el caso de que surgieran algunas anécdotas dentro del grupo, a lo cual el instructor debe ser anuente y permisivo.
III. Se les explica a los participantes, que la experiencia que vivirán, a través del ejercicio, se encuentra muy próxima a aquellos pactos.
IV. Seis de las personas son elegidas por el instructor, utilizando el criterio de su fortaleza física, si lo considera pertinente el instructor para sustentar elocuentemente la acción.
V. A estas seis personas se les pide que se quites los relojes, pulseras, e incluso anillos si es menester, y que acto seguido, se coloquen, en parejas, frente a frente en fila al lado de la mesa.
VI. Ya en posición, se les solicita a cada pareja que se tomen firmemente de los antebrazos y que abran sus piernas adelantando un pie ligeramente, de tal manera que puedan flexionar sus rodillas como si fuesen muelles o resortes amortiguadores.
VII. Al resto del grupo, se le dice que, recordando un poco las manteadas infantiles o de juventud, suban a la mesa y de espaldas se dejen caer, tan rígido como les sea posible, a los brazos de sus compañeros.
VIII. El instructor debe insistir en que la caída debe ser lo más rígida posible, manteniendo los brazos a los lados.
IX. Puede darse el caso de que cada persona quiera saltar dos veces o más, lo cual es perfectamente permitido.
X. Al terminar de pasar a saltar todo el grupo se cambia al equipo receptor para que estos también vivan la experiencia.
XI. Hay ocasiones en que alguna persona puede negarse a saltar, a la cual el grupo, junto con el instructor, normalmente tratará de convencer.
XII. Finalmente se analiza la experiencia en términos de la resistencia o aceptación y de los sentimientos que provocó en las personas.
XIII. El instructor guía un proceso para que el grupo analice, como se puede aplicar lo aprendido en su vida.